RUN

La juventud es una mariposa que perseguimos. Corremos y corremos tras ella. Aunque sé que la vida adulta es frenética, creo que nunca volveré a correr tanto como en aquellos días.

Nosotras empezamos a correr hace mucho tiempo. Siempre avenida arriba, nunca abajo. Tal vez subimos demasiado, porque la caída todavía me duele y no creo que vaya a recuperarme pronto.


No sé qué nos impulsaba a correr tanto; muchas veces ni siquiera llegué a participar en las carreras y me dediqué a mirar cómo el resto corría y caía. Ahora tengo ganas de volver a quedarme sin aliento, a reír hasta morir y perseguir una mariposa que pronto desaparecerá.


Quiero volver a correr. Quiero seguir corriendo. Quiero morir corriendo. Déjame respirar una vez más.


De todas maneras, correr no siempre nos hacía olvidar los problemas, e incluso los provocaba. A veces, algunas personas no querían correr más y nos desmoronábamos como una casa hecha de cartas. Una y otra vez, corríamos y nos destruíamos.


Cualquiera se habría dado cuenta de que íbamos a acabar cayendo, pero no veíamos el momento de parar. Lo que empezó siendo nuestra salvación acabó por matarnos poco a poco.


La mariposa de la juventud no va a estar siempre para mí. Hace ya tiempo que la perdí. Si la encontrara de nuevo, no dudaría en correr tras ella, en entrar en la casa hecha de cartas y poder respirar una vez más.


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